Historia contada por sus creadores

Es complejo generar explicaciones aceptables a todos los lectores, pero también lo es hacer una historia diferente a la realidad, sea o no creíble. Prefiero entonces atenerme a este segundo precepto.

Desde hace algunos meses, un grupo de alumnos de Mesa de Estudios de CEINPLA en Caracas, Venezuela, todos canales de altura, están recibiendo en forma fraccionada e individual información sobre la creación y desarrollo de la vida en nuestro planeta. Sobre ese tema tenemos variedad de explicaciones: las que ofrecen las diversas religiones, las de los grupos indigenistas, sin obviar las que ofrece la ciencia y otros grupos de investigadores. La mezcla de todas explicaciones podría darnos mayor esclarecimiento, sólo que faltaba un detalle, y es el que la realidad de lo ocurrido sólo podía ofrecerla quienes participaron de ello, es la que nos ofrecen las inteligencias superiores con las que hacemos contacto.

El concepto de ser el único planeta habitado se desmerece cuando se revisan los libros sagrados o las historias de la antigüedad. Es el caso por ejemplo del libro del Exodo que varias veces repite y detalla extrañas nubes inteligentemente guiadas. Y como este podríamos señalar muchos otros párrafos, no sólo de las varias Biblias sino más adelante autores que refirieron la guía que los humanos recibían de los “dioses”, que según Virgilio eran transportados por ruedas… Y mucho más adelante las diversas citas de los dogones sobre su contacto con seres que llegaron de Sirio y les instruyeron. Las referencias son infinitas pero sería llover sobre mojado repetir la reiterada crónica sobre la existencia de seres que vinieron de las alturas, tema que sólo quien no desee reconocer no reconocerá.

La creación es constante, nada se detiene, todo está en movimiento. Todo fue planificado sobre etapas, la vida en este planeta se creó por intervención divina, sólo había agua, gases, viento, arenas.

Pero… en el principio de los principios ¿a que venían esos seres a este planeta? Venían a implantar vida y conciencia.

¿Habitantes intraterrenos o de superficie?

Titulo 1

Exactamente el 23 de noviembre de 1968, el satélite ESSA-7 tomó unas fotografías rutinarias de reconocimiento atmosférico del Polo Norte. Dos años más tarde fueron entregadas a la Administración del Servicio de Ciencia del Medio Ambiente (ESSA), de los Estados Unidos. Unas tomas exquisitas que despertaron el interés de quienes las veían.

El Polo Norte mostraba con orgullo su corona de nubes-y por otro lado-señalaba la misma zona sin nubes. Todo hubiese quedado como materia de investigación, sin apuros y a futuro, de haber sido por que donde hubiera debido estar el Polo esta última foto, apuntaba a un inmenso agujero. Se despertaba así una de las controversias más sensacionales y célebres de la historia.